Los caminos del señor son inescrutables. Este sacerdote seguro que no llegó a imaginarse en ningún momento que tras tratar de corregir el comportamiento vicioso de la colombiana Salomé Gil, él también sería seducido por sus artes femeninas. Quizás esta era la decisión acertada. No hay problema, le basta con arrepentirse de sus pecados justo antes de irse al otro barrio.